Explorando el Pensamiento de Hume: Conocimiento, Causalidad y Sustancia
Enviado por Comunidad Wikiteka y clasificado en Filosofía y ética
Escrito el en
español con un tamaño de 4,7 KB
El Problema del Yo en la Filosofía de Hume
En relación con el problema del hombre (el yo, la mente o el alma), Hume descarta su existencia como una entidad permanente y distinta de las percepciones que le son propias. La existencia del yo como sustancia no puede justificarse apelando a una pretendida intuición que no tenemos. Lo que llamamos yo, mente o alma no es más que un conjunto de percepciones que se suceden en el tiempo y que son unidas entre sí mediante la memoria y la imaginación. La conciencia que tenemos de nuestra propia identidad se origina gracias a la memoria. Esa identidad que sentimos a través de nuestra vida y que nos hace referirnos a nuestro pasado con expresiones como “yo hice, yo pensé…” no es más que una sucesión de recuerdos. En definitiva, no existe el alma, y al no poder admitir la existencia del alma, sobra discutir sobre si es material, espiritual, inmortal o sobre su relación con el cuerpo.
Hume y las Formas de Conocimiento
Según Hume, nuestras formas de conocer son las relaciones entre ideas (conocimientos válidos independientemente de los hechos, cuya verdad puede ser conocida a priori) y el conocimiento de hechos (la verdad de estas proposiciones es conocida a posteriori, al ser un conocimiento que obtenemos de la experiencia).
La Imaginación y las Ideas Complejas
La combinación que da lugar a las ideas complejas es fruto de la imaginación, que agrupa las ideas de dos formas:
- Una natural, siguiendo una cierta regularidad –como en el caso de la idea compleja de árbol–.
- Otra arbitraria, sin ningún orden establecido –como la idea de centauro–.
Cuando la imaginación actúa naturalmente, se rige por tres leyes de asociación:
- La semejanza (por ejemplo, cuando una pintura nos lleva a pensar en aquello que representa).
- La ley de contigüidad en el tiempo y lugar (por ejemplo, el recuerdo de mi casa me lleva a pensar en lo que la rodea).
- La ley de causa-efecto (cuando relacionamos, por ejemplo, la herida con el dolor).
Crítica al Principio de Causalidad
Hume critica el principio de causalidad, según el cual todo efecto tiene una causa y, además, existe una conexión necesaria entre los efectos y sus causas. Niega que tengamos impresión sensible o experiencia directa de la vinculación necesaria entre un hecho considerado causa (el fuego) y otro considerado efecto (aumento de la temperatura de un líquido). En ningún momento vemos la conexión necesaria entre uno y otro y, por tanto, no podemos afirmar con seguridad que tenga que suceder así y no de otro modo, y que en el futuro vaya a seguir ocurriendo. Lo máximo que podemos concluir es que hasta ahora esa relación siempre ha existido, pero sobre el futuro no me puedo pronunciar porque no existe impresión o experiencia que lo avale. Según esto, la causalidad no existe en las cosas, sino en nuestro modo de pensarlas. La idea de causalidad es producto del hábito o costumbre y constituye una creencia, no un conocimiento basado en la experiencia. No obstante, estas creencias son fundamentales para desarrollar nuestras actividades cotidianas.
Escepticismo y Crítica a la Metafísica
Una vez que ha establecido los límites del conocimiento, Hume critica las ideas que eran la base de la metafísica tradicional, lo que le conduce a una actitud escéptica.
- Crítica de la idea de sustancia: Entendida como una realidad en sí, ya que no deriva de ninguna impresión sensible, luego carece de fundamento. Respecto del mundo corpóreo, sólo tenemos impresiones, y la idea de una realidad externa que está más allá de ellas no se basa en impresión o experiencia alguna.
- Crítica de la idea de yo (alma, conciencia) como sustancia: Si buscamos dentro de nosotros mismos, lo único que encontramos son impresiones diversas y distintos estados de conciencia, pero ninguna impresión referida al yo. La imaginación finge un yo permanente, idéntico a través del tiempo, al que atribuimos esos estados de conciencia.
- Igualmente, es imposible demostrar que la sustancia infinita, Dios, exista porque no poseemos ninguna impresión que dé lugar a dicha idea. Las pruebas de su existencia apelando al principio de causalidad son imposibles, porque este principio sólo se basa en un hábito y su aplicación queda limitada al ámbito de nuestra experiencia.