Filosofía Moderna: Descartes, Racionalismo y la Búsqueda de la Certeza
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Edad Moderna: Secularización y Nuevas Corrientes Filosóficas
En el siglo XVII se produce la secularización del pensamiento, es decir, la razón (el pensamiento humano) se hace autónoma. Dios deja de ser el problema filosófico principal. En este contexto, aparecen dos corrientes filosóficas fundamentales y opuestas:
- Racionalismo: Con figuras como Descartes en Francia.
- Empirismo: Con exponentes como Locke y Hume en Gran Bretaña.
Racionalismo vs. Empirismo: Diferencias Clave
Las diferencias entre ambas corrientes son notables en cuanto al origen y la validación del conocimiento:
- Para los racionalistas, como Descartes, la razón es la única capacidad que permite al ser humano alcanzar conocimientos científicos y objetivos, pues sostienen que los sentidos nos engañan en muchas ocasiones.
- En cambio, para los empiristas, como Locke y Hume, solo los sentidos (la experiencia sensible) nos aportan conocimientos válidos; la razón, según ellos, se limita a procesar y organizar los datos que obtenemos a través de la experiencia.
Descartes y la Búsqueda de la Certeza
René Descartes utilizó la duda como método (la duda metódica). Su objetivo era dudar sistemáticamente de todo aquello que pudiera albergar la más mínima incertidumbre, con la esperanza de encontrar algo de lo que fuera absolutamente imposible dudar. De ese modo, encontraría una certeza indubitable sobre la cual construir el edificio de la ciencia.
La Duda Metódica en Tres Pasos
Descartes aplicó su método de duda de forma progresiva:
Duda de los Sentidos
Dudo de todo lo que recibimos de la experiencia mediante los sentidos, pues, si los sentidos nos engañan (y lo hacen en muchas ocasiones), no podemos fiarnos completamente de ellos. ¿Cómo saber cuándo nos proporcionan información veraz y cuándo nos inducen a error?
Duda del Estado de Vigilia (El Argumento del Sueño)
También dudó de la distinción entre el estado de consciencia (vigilia) y el sueño, pues, en ocasiones, los sueños nos parecen extraordinariamente reales. ¿Cómo podemos estar absolutamente seguros de que nuestra vida no es, en realidad, un sueño muy vívido y coherente?
Duda de las Verdades Matemáticas (La Hipótesis del Genio Maligno)
Sin embargo, ni la falibilidad de los sentidos ni la confusión entre sueño y vigilia parecen afectar a las proposiciones matemáticas (ej. 2+2=4). Estas se obtienen mediante la razón y parecen ser ciertas tanto en el sueño como en la vigilia. ¿Serán ellas la certeza buscada por Descartes? Pero, introduce una hipótesis radical: ¿Y si existiera un genio maligno, tan poderoso como engañoso, que dedicara todo su esfuerzo a confundirme? Este ser no tendría problema en hacerme creer que las matemáticas son verdades absolutas, aunque fuesen falsas.
La Primera Certeza: "Pienso, luego existo" (Cogito Ergo Sum)
Estando así las cosas, tras haber dudado de todo, Descartes se pregunta: ¿Es que no hay nada de lo que sea imposible dudar? Sí, responde: hay algo indudable, y es el hecho mismo de que estoy dudando. Puedo dudar de si mis sentidos me engañan, de si estoy despierto o soñando, incluso de las matemáticas por la hipótesis del genio maligno, pero no puedo dudar de que yo, que dudo, existo. Dudar es una forma de pensar. Por lo tanto, si dudo, pienso; y si pienso, necesariamente existo. El filósofo lo formula célebremente: "Cogito, ergo sum" ("Pienso, luego existo"). Esta es la primera verdad absolutamente cierta: sé que existo como ser pensante porque no puedo dudar de mi propio pensamiento, aunque me equivoque en lo que pienso o aunque lo que piense no exista fuera de mi mente.