El fin del imperio colonial español y la Guerra de Cuba (1895-1898)

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La decadencia del imperio colonial español

El imperio español se había ido descomponiendo progresivamente. La sublevación de 1810 en América contra los franceses derivó, después, en una guerra generalizada contra el dominio español que culminó en 1825 con la independencia de los territorios de Sudamérica y el Caribe.

El imperio colonial español quedó reducido a:

  • La isla de Cuba, Puerto Rico y República Dominicana en América.
  • Las islas Filipinas y algunos archipiélagos del Índico.

Asimismo, se produjo una intervención en Marruecos y, más tarde, España tuvo que aceptar la independencia de Santo Domingo.

Origen de la guerra de Cuba: Causas principales

Cuba era la principal colonia que le quedaba a España. De ella se extraían recursos como azúcar, café y tabaco, y representaba también un mercado fundamental para la producción española. Desde mediados del siglo XIX, comenzó a crecer la conciencia independentista, en parte porque los gobiernos liberales hicieron caso omiso de las demandas que llegaban de la isla para obtener un régimen de autogobierno y representación en las Cortes.

En 1869 estalló una primera insurrección que se transformó en una guerra de diez años. La Paz de Zanjón, firmada en 1878, comprometía al gobierno español a aprobar una ley de autonomía para Cuba. Sin embargo, los gobiernos de la Restauración incumplieron el acuerdo. Además, existía una fuerte protesta por la prohibición de importar productos de otros países o de exportar hacia ellos la producción cubana; una crítica que apoyaban los estadounidenses, interesados en abrir el mercado de Cuba a su propia producción.

Desarrollo de la Guerra de Cuba (1895-1898)

En 1895, los independentistas cubanos, encabezados por José Martí y Antonio Maceo, se levantaron contra el gobierno español, y la rebelión se extendió por la mayor parte del territorio. El gobierno intentó primero una política de negociación con los insurrectos, enviando a Martínez Campos, quien había negociado previamente la Paz de Zanjón.

Tras el fracaso de la negociación, fue enviado el general Weyler, quien adoptó una táctica de guerra sin cuartel: encerró a la población en campos de concentración y provocó la muerte por hambre de muchos campesinos, lo que generó una fuerte reacción antiespañola en casi todos los cubanos. La situación se agravó aún más cuando, en 1896, estalló en las islas Filipinas otra insurrección independentista que obligó a enviar nuevas tropas. Finalmente, el gobierno relevó a Weyler y comenzó a preparar una ley de autonomía para Cuba.

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