Nietzsche: La Muerte de Dios, el Eterno Retorno y el Superhombre

Enviado por Comunidad Wikiteka y clasificado en Filosofía y ética

Escrito el en español con un tamaño de 2,57 KB

La Muerte de Dios y el Nihilismo

La muerte de Dios supone el final de las verdades y valores del mundo antiguo. La afirmación "¡Dios ha muerto!" no es un llamamiento a la destrucción de la religión, pues si Dios existiera no podría morir, y si no existe, entonces es imposible que muera. Se trata más bien de una evolución de nuestro pensamiento y de nuestra cultura, que implica la culminación del nihilismo; es decir, que el hombre ha destruido todos los valores y, por tanto, ha "matado" a Dios.

Según esta perspectiva, el cristianismo ha empobrecido la vida hasta aniquilarla por medio de su letal doctrina moral. Se cambia la confianza por sospecha y duda. Este acontecimiento afecta a todos, aunque no todos pueden entenderlo.

La consecuencia negativa de la muerte de Dios es que se desmorona todo cuanto fue edificado sobre la presunción de Su existencia, pero lo positivo es que sobre las ruinas dejadas por la metafísica es posible vislumbrar una aurora que representa la nueva esperanza para los espíritus libres (“nosotros, los filósofos ilustrados”) que han contribuido al acontecimiento de la muerte de Dios. Este es el final del periodo crítico y el principio del pensamiento de afirmación: de la voluntad de poder, del superhombre y del eterno retorno.

El Eterno Retorno

La visión nietzscheana del tiempo es cerrada; todo se explica desde este mundo. El eterno retorno significa aceptar la felicidad, pero también el horror del sufrimiento. En consonancia con lo dicho, Nietzsche defiende una visión crítica de la historia, que deje al descubierto al ser humano tal como es, con su grandeza y con sus miserias.

Según Nietzsche, vivimos la vida sin la intensidad necesaria y sin la pretensión de convertir cada instante en algo maravilloso en sí mismo, hasta el punto de justificar la existencia. Nietzsche afirma que el Superhombre es quien considera el eterno retorno como algo muy positivo, ya que ha sido capaz de crear una vida tan intensa y genial que la posibilidad de que esta vida pueda ser repetida infinitas veces le parece maravillosa.

La concepción cíclica del tiempo trae diversas implicaciones, pues si se afirma el eterno retorno, automáticamente se negaría la libertad. Ahora, cuando Dios ha muerto, el sentido de la vida se lo tiene que dar cada hombre. La creencia de que cada acción y pensamiento se realiza por primera vez es lo que, de una u otra forma, termina dando sentido a nuestra misma existencia.