Racionalismo Cartesiano: Razón, Libertad y el Dominio de las Pasiones

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La Autosuficiencia de la Razón en el Racionalismo Cartesiano

El racionalismo es una corriente filosófica que emerge en el siglo XVII y se caracteriza por la confianza plena en la autosuficiencia de la razón como fuente primordial del conocimiento. Esta doctrina representa la puesta en práctica definitiva de la independencia de la razón con respecto a la fe.

Rasgos Característicos del Racionalismo

Los principales rasgos que definen esta corriente son:

  • Confianza plena en la razón humana: La razón se basta a sí misma como fuente de conocimiento. Solo a la razón le corresponde juzgar sobre la verdad.
  • Infravaloración del conocimiento sensible: La información que nos llega de los sentidos es considerada engañosa y limitada.
  • Defensa de la racionalidad del mundo: Todo cuanto ocurre posee una explicación accesible a la razón.
  • Afirmación de la existencia de ideas innatas: Estas ideas residen en el entendimiento independientemente de la experiencia. La razón puede extraer de sí misma estas primeras verdades y, a partir de ellas, deducir todas las demás.
  • Búsqueda de un nuevo método para la filosofía: Un método de descubrimiento —inspirado en el matemático— que permita deducir, a partir de principios a priori (las ideas innatas), un sistema de verdades completo y cerrado.
  • Una visión del mundo mecanicista: Tomada de la ciencia, el mundo se explica por la materia y las causas eficientes, es decir, por leyes mecánicas.
  • Subjetivismo: Al considerar el alma como algo aparte, el hombre queda separado del resto del universo. El sujeto se encierra en sí mismo, conociendo solo su propio pensamiento; todo lo demás tendrá que ser deducido. El problema fundamental, por tanto, es el conocimiento.

La Libertad y las Pasiones en la Filosofía Cartesiana

El universo cartesiano es, como se ha expuesto, mecanicista. La única manera que tiene Descartes de salvaguardar la libertad humana es separando la sustancia pensante del resto de la naturaleza: el hombre es libre porque posee alma, y es el alma lo que lo define.

En la naturaleza mecanicista de Descartes no existe, en cambio, libertad: todo sucede por necesidad, lo que significa que no puede suceder de otro modo.

El yo como sustancia pensante posee para Descartes dos facultades: el entendimiento o razón y la voluntad o facultad de querer. Esta última se caracteriza por ser libre; la conciencia de la libertad es una idea innata. El hombre es libre, por lo que puede dudar y por lo que puede hacerse dueño de la naturaleza, que es, en definitiva, el objetivo del conocimiento.

Tal como la concibe Descartes, la libertad no consiste en la indiferencia ante la decisión, sino en elegir lo que la razón propone como bueno y verdadero. El error se produce precisamente cuando la voluntad acepta sin tener evidencia suficiente. Ahora bien, ese sometimiento de la voluntad a la razón puede verse perturbado por la influencia de las pasiones.

Características de las Pasiones según Descartes

Las pasiones son, para Descartes, emociones que afectan al alma. Las caracteriza como:

  • Involuntarias: A diferencia de las acciones, que son voluntarias, las pasiones escapan al control del alma.
  • Con frecuencia, en desacuerdo con la razón: En consecuencia, provocan una servidumbre del alma, que debe hacer lo posible por liberarse y guiarse por la razón.

Descartes no considera las pasiones de una forma absolutamente negativa. No se trata de eliminarlas, sino de ordenarlas, de someterlas a la razón.