Revoluciones liberales en Europa (1815–1848): oleadas de 1820, 1830 y 1848
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Las revoluciones liberales (1815–1848)
Entre 1815 y 1848 se produjeron tres grandes oleadas revolucionarias que afectaron a Europa y a América. Las revoluciones de 1820, las de 1830 y las de 1848 —también conocidas como "el 48"— marcaron un periodo de agitación política y social.
Contexto y características comunes
Las tres oleadas revolucionarias estuvieron inspiradas en los principios de la Revolución francesa y tuvieron en común la oposición al sistema de la Restauración y a las monarquías absolutas.
Las revoluciones de 1820
Se centraron en el área mediterránea europea, concretamente en España, Nápoles y Grecia. En los dos primeros países se impuso una monarquía constitucional.
Sólo en Grecia, que se sublevó contra el Imperio otomano, triunfó el movimiento; éste contó con el apoyo de Gran Bretaña. En 1829, tras una guerra de casi diez años, se reconoció la independencia.
Las revoluciones de 1830
La oleada revolucionaria de 1830 tuvo mayor éxito e impacto que la anterior, ya que afectó a toda Europa.
Las revoluciones de 1830 alteraron también el panorama internacional heredado de 1815. Al oeste del Rin se crearon varias monarquías liberales moderadas; al este la situación permaneció prácticamente igual: tres imperios absolutistas multinacionales.
Los rasgos principales de las revoluciones de 1830 fueron las siguientes:
- El gran descontento social y económico de las clases populares.
- Movimientos populares de masas.
- Movimiento democrático y republicano más radical.
El nacionalismo del siglo XIX
El concepto de nación como comunidad política con derecho a crear un Estado organizado es una de las herencias ideológicas más importantes de la Revolución francesa. La vieja lealtad personal de los súbditos fue sustituida por la lealtad nacional.
En este nuevo contexto, los individuos tenían que pertenecer a una comunidad y compartir con otros una cultura, una lengua y unas costumbres. Para que existiera un gobierno auténticamente representativo era imprescindible que hubiera una comunidad nacional coherente.
Durante el siglo XIX se desarrolló enormemente la investigación histórica, lingüística, folclórica y cultural, consagrada a redescubrir el pasado nacional de los estados que se iban consolidando o de las comunidades que aún carecían de un Estado propio.