San Vicente Ferrer: vida, predicación y sermones del santo valenciano
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San Vicente Ferrer
San Vicente Ferrer nació en Valencia en el año 1350 y murió en 1419 en la ciudad bretona de Vannes. El papa Calixto III, también valenciano, lo canonizó en 1455.
San Vicente pertenecía a la orden de los dominicos, conocidos por aquello que lo haría famoso: la oratoria. Se formó en diversas ciudades y adquirió el título de maestro en teología.
Una figura influyente
Desde el principio destacó por la producción intelectual, la habilidad política y, por encima de todo, una poderosa predicación. Su prestigio, su capacidad negociadora y su relación con la casa real lo convirtieron en una persona muy influyente, tanto en la Corona de Aragón como en el resto de Europa.
Una predicación itinerante
San Vicente predicó por toda la Corona de Aragón, por Castilla, Galicia, Occitania, el norte de Italia, Suiza y Bretaña. Seguido por una compañía de más de cien personas, sus predicaciones eran acontecimientos multitudinarios, donde la masa se emocionaba con su capacidad retórica y teatral. La gente le atribuía la capacidad de hacer milagros.
Su legado literario
No fue escritor, ni lo quiso ser nunca, pero ha pasado a la historia de la literatura por la importancia de sus sermones, producto del trabajo de los reportadores que copiaban los sermones del santo en directo y después los pasaban en limpio como modelo de predicación.
Estructura del sermón
- Introductio: comienza con la cita de un versículo en latín y un saludo al auditorio, seguida por la oración del Avemaría.
- Introductio thematis: explicación, generalmente breve, del sentido literal del tema propuesto y de las conclusiones morales que deben extraerse.
- Divisio thematis: desarrollo de las diferentes partes del sermón.
A lo largo del sermón, San Vicente solía recurrir a la Biblia como argumento de autoridad, pero al mismo tiempo usaba con frecuencia ejemplos cotidianos que le servían para contar de manera sencilla historias con una finalidad moralizante. Empleaba recursos del registro coloquial.
Un auténtico comunicador de masses
El público experimentaba reacciones de humor, temor y emoción, favorecidas por la gesticulación y la voz del santo, un auténtico comunicador de masas.