El Valor del Conocimiento: Ideas, Verdad y Realidad según Locke

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Una vez establecido el origen, surge la pregunta: ¿qué conocemos mediante las ideas? ¿Cuándo es verdadero el conocimiento? John Locke sitúa el límite del conocimiento en las ideas simples: la mente solo conoce ideas de sensación e ideas de reflexión; fuera de ellas, no tiene otros objetos inmediatos. Este es el principio de la inmanencia: «Es evidente —afirma al principio del Ensayo— que el espíritu no conoce las cosas inmediatamente, sino mediante las ideas de ellas que tiene». Entre nosotros y las cosas se interpone, por tanto, la idea, como representante. Por sí mismas, las ideas no son verdaderas ni falsas. La verdad y la falsedad solo pueden existir cuando referimos una idea a otra. Conocer es, por eso, percibir el acuerdo o desacuerdo entre las ideas.

Tipos de Conocimiento

El conocimiento es de dos tipos:

  • a) Intuitivo
  • b) Demostrativo

Cuando el acuerdo de dos ideas se percibe inmediatamente, con evidencia, tenemos la verdad intuitiva, que no necesita demostración (lo blanco no es negro, 2+2=4, etc.). Cuando el acuerdo no se percibe así y la mente tiene que recurrir a ideas intermediarias, podemos llegar a la verdad por demostración. Esta es posible cuando las ideas son tomadas en su universalidad abstracta, es decir, independientemente de la existencia de las cosas reales, como las ideas matemáticas y las morales, construidas por nuestra mente.

El Problema del Mundo Externo

Ahora bien, siendo que el objeto inmediato de la mente son ideas, o representaciones, y no las cosas, ¿cómo llegamos a conocer la verdad sobre las cosas efectivamente existentes? ¿Cómo sabemos que existen las cosas? Este es el mismo problema del «mundo externo» que ya encontrábamos en Descartes y el racionalismo (Malebranche, Spinoza), el problema del paso o del «puente» de las ideas pensadas a una realidad en sí, independiente del pensamiento. Para Locke, en efecto, «el conocimiento no es real sino por la conformidad de nuestras ideas y la realidad de las cosas». Ahora bien, ¿cómo podrá un espíritu, que no percibe más que ideas, conocer que estas están en conformidad con las cosas?