Fundamentos de la Racionalidad Práctica: Una Exploración Filosófica

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La Racionalidad Práctica

Desde la antigüedad, se ha definido y distinguido al ser humano del resto de los animales por ser un ser racional. La **racionalidad** se define como el uso de la razón para escoger las mejores razones o acciones. Por lo tanto, la razón consiste en el uso apropiado de esta para elegir de la mejor manera posible. Esto se interpreta de dos formas diferentes:

  • La **racionalidad teórica**
  • La **racionalidad práctica**

La **racionalidad práctica** consiste en el uso de la razón cuando escogemos los medios más adecuados para lograr un objetivo. Se dice que la racionalidad práctica está subordinada a la teórica porque el conocimiento del mundo es un paso previo y necesario para actuar de la mejor manera posible. En la racionalidad práctica, cualquier acción o actividad, para que se considere racional, tiene que referirse a deseos, objetivos o fines. Los deseos, fines o propósitos son subjetivos, ya que no dependen de uno mismo. Lo racional sería que estos deseos procuren adecuarse al máximo a las posibilidades reales. Una vez marcado el fin, hay que hacerlo realidad a través de unos medios que alcancen ese fin. Este fin se puede lograr por varios medios, pero lo racional, o lo más racional, sería que condujera de la forma más adecuada al objetivo deseado. A esto se conoce como **Elección racional**. Esta busca ser optimista, ya que busca los máximos beneficios con los mínimos recursos.

Para cumplir estos deseos, es necesario ser conscientes de nuestras posibilidades u oportunidades, que son el conjunto de restricciones determinadas por numerosos factores como: la constitución física, la capacidad intelectual, el poder económico familiar, etc. Son objetivas y determinadas por el mundo.

Hay también **deseos destructivos**, que son aquellos deseos que resultan inconvenientes para el bienestar del individuo. A pesar de tener la información necesaria, el sujeto los acaba llevando a cabo sin quererlo. Las adicciones son un ejemplo de deseo destructivo.

La acción racional es eminentemente egoísta porque procura el mayor beneficio para uno mismo, y a veces la única alternativa racional es la cooperación. Si la obtención del máximo beneficio personal es a costa del bienestar de los demás, la acción realizada se vuelve cuestionable. Teniendo en cuenta todo esto, llegamos a una conclusión: para hacer el bien y ser justo, es necesario conocer y razonar adecuadamente.