Heráclito y Parménides: Dos Visiones Filosóficas sobre la Realidad, el Cambio y el Conocimiento

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Con estos dos filósofos, la investigación acerca de la naturaleza toma un rumbo distinto: no es que se abandone la pregunta sobre el arché, sino que se insiste más en cómo a partir del arché se engendra la realidad y, sobre todo, en cuál es la auténtica realidad. La pregunta que se hacen se origina en la distinta visión de la realidad que nos ofrecen los dos instrumentos a través de los cuales nos ponemos en contacto con ella: los sentidos y la razón.

Los sentidos conocen individualidades, cosas concretas con cualidades distintas y que cambian continuamente: cada persona, por ejemplo, es distinta de las demás y está en evolución permanente.

La razón, por el contrario, abstrae, generaliza, prescinde del cambio (capta lo esencial): el concepto de hombre se aplica a todas las personas, por muy distintas que sean y aunque cambien radicalmente.

Heráclito: El Filósofo del Devenir

Al inclinarse por los sentidos como instrumentos conocedores de la realidad, Heráclito afirma que ésta se caracteriza por el continuo movimiento y cambio: hay un perpetuo devenir. "Todo fluye, nada permanece" es la máxima de Heráclito. Pero este devenir no se da de una manera irracional y caótica, sino conforme a una ley, orden o logos: la lucha de contrarios. Los contrarios, los elementos opuestos, son responsables de la armonía, de la racionalidad que existe en cada cosa y entre todas: "Hay armonía en el cosmos, una armonía de tensiones opuestas". El devenir se caracteriza por un continuo pasar desde un contrario a otro, existe una guerra perpetua de contrarios. El perenne fluir de las cosas y el devenir universal se revelan como una armonía de contrarios, es decir, como una constante pacificación entre beligerantes, un conciliarse entre contendientes. Esta armonía y unidad de los opuestos es el principio y, por lo tanto, Dios y lo divino.

El Fuego como Principio Fundamental

Heráclito elige el fuego como principio fundamental y consideró que todas las cosas son transformaciones del fuego. El motivo por el cual Heráclito adjudicó al fuego la naturaleza de todas las cosas es algo obvio: el fuego expresa de modo ejemplar las características de la mutación continua, del contraste y de la armonía. El fuego se halla en constante movimiento, es vida que vive de la muerte del combustible, es una continuada transformación de éste en cenizas. El fuego es como un "rayo que gobierna todas las cosas"; y lo que gobierna todas las cosas es la inteligencia, la razón, es logos, ley racional. Así, al principio de Heráclito se vincula expresamente la idea de inteligencia.

La Verdad y el Conocimiento según Heráclito

En Heráclito emergen ya una serie de elementos concernientes a la verdad y al conocimiento. Es preciso estar en guardia con respecto a los sentidos, porque éstos se detienen en la simple apariencia de las cosas y también es necesario guardarse de las opiniones de los hombres, que están basadas sobre ellos.