San Agustín: Fe, Razón y la Búsqueda de la Verdad en la Edad Media

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Contexto Histórico y la Influencia de la Iglesia

San Agustín se sitúa dentro del inicio de la Edad Media. La Iglesia, en esta época, era una institución muy importante y se aliaba con el poder temporal (Estado). Todo esto en medio de una etapa de oscurecimiento y regresión. El cristianismo iniciaría la predicación de la salvación y alcanzaría la verdad de la felicidad, como estaban haciendo las doctrinas postaristotélicas.

Conflicto entre Fe y Razón

Desde el comienzo del cristianismo, surge un conflicto con la filosofía por la búsqueda de la verdad. Para los cristianos, es una verdad revelada, accesible desde la fe, y para los filósofos griegos, la verdad es una verdad racional, fruto del conocimiento. Para saber defender el cristianismo de la irracionalidad, los pensadores cristianos tuvieron que estudiar filosofía. Las consecuencias del enfrentamiento entre fe y razón fueron, por una parte, la necesidad de precisar los principios del cristianismo, estableciéndose dogmas, y por la otra, el establecimiento de la Biblia como única fuente de verdad. En los primeros siglos del cristianismo, la única meta del hombre era alcanzar la salvación eterna. Aquí la razón no podrá aportar nada y la filosofía quedará reducida a la sierva de la teología: "es preferible creer que entender".

La Verdad según San Agustín: Unión de Fe y Razón

El objetivo de San Agustín es comprender la verdad cristiana, uniendo para ello fe y razón. Para él, la verdad es única, habita en nuestra alma: la verdad se explica por sí misma, es eterna, es un contenido de nuestra razón y Dios la ha impreso en nuestra alma. El conocimiento no se aprende, Dios debe iluminar al alma para que adquiera cualquier tipo de verdad. Con la luz de la fe, la razón puede acceder a los conocimientos perfectos. La mente de Dios es la doctrina de la iluminación: no hay contraposición entre fe y razón, pero siempre estará supeditada la razón a la fe. Las verdades universales se hallan en el interior del alma humana, como la demostración de la existencia de Dios, que es una verdad eterna y que solo se puede explicar por la fe, de modo que la verdad eterna es Dios mismo.

Influencia de Platón y la Naturaleza del Mal

Todo el tema del conocimiento recuerda a Platón, ya que las verdades están impresas en el alma. Todo lo que existe proviene de Dios y, por tanto, es bueno. Agustín quería explicar de dónde provenía el mal y llega a la conclusión de que no existe por sí mismo, sino que es la ausencia del bien. Dios nos da el libre albedrío, que es la capacidad del hombre de elegir entre obrar bien o mal. Esto no quiere decir que Dios lo dé para pecar, sino para que el hombre pueda actuar rectamente. Por lo tanto, el pecado solo proviene de la voluntad propia del sujeto que elige obrar mal. Sin libertad, no habría obras buenas ni malas, ni pecado ni virtud.

La Ciudad de Dios y la Ciudad Terrena

A la hora de *analizar* la historia universal, Agustín reconoce que ha habido siempre una lucha entre la *Ciudad de Dios* (se refiere a la Iglesia, los que aman a Dios) y la *Ciudad Terrena* (el Estado político, los que aman los bienes materiales). Su teoría es que el Estado debe someterse a la autoridad de la Iglesia, que es una sociedad perfecta.

Conclusión

Concluimos diciendo que San Agustín coge ideas platónicas y las une al cristianismo. Esta idea dominará el pensamiento occidental hasta el siglo XVI.