El Pensamiento de San Agustín y Santo Tomás: Fe, Razón y las Dos Ciudades
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Filosofía de la Historia: Ciudad Terrena y Ciudad de Dios
Para San Agustín, existen dos tipos de ciudades que definen el curso de la humanidad: la del bien y la del mal.
- La Ciudad del Bien: Es la Ciudad de Dios y está compuesta por todos los creyentes.
- La Ciudad del Mal: Es la Ciudad Terrenal y la forman aquellos que desprecian a Dios.
Ambas ciudades mantienen una lucha constante a lo largo de la historia, pero al final se separarán y la Ciudad de Dios resultará victoriosa. Por lo tanto, se trata de un conflicto entre dos amores: el amor a Dios y el amor a uno mismo. Este proceso histórico comenzó con la creación y culminará definitivamente con el Juicio Final.
La Influencia de la Filosofía Platónica en el Pensamiento de Agustín
Los pensadores cristianos fundamentaron gran parte de su filosofía en diversos conceptos platónicos, adaptándolos a la doctrina revelada:
- Sobre la realidad: Ambos pensadores afirman la existencia de otro mundo, considerando la vida terrenal como una mera preparación para la vida eterna.
- Sobre el ser humano: Mantienen una visión dualista, defendiendo que estamos compuestos por cuerpo y alma; sin embargo, para Agustín, el alma no es eterna por sí misma, sino por voluntad divina.
- Sobre el conocimiento sensible: Tanto Platón como Agustín desconfían de los sentidos. Mientras que para Platón el conocimiento nace del recuerdo (reminiscencia), para Agustín surge de la iluminación divina.
- Sobre un ser supremo: Platón lo relaciona con la Idea del Bien y con el Demiurgo. En cambio, para Agustín, Dios es un ser personal y es quien crea el universo ex nihilo (de la nada).
- Sobre el mal: Para Agustín, el mal es la falta de ser o una carencia (privatio boni). Para Platón, el mal reside en el apego a las cosas sensibles.
Cabe destacar que San Agustín recibió una fuerte influencia del neoplatonismo y del estoicismo, mientras que rechazó corrientes como el epicureísmo, el escepticismo y el aristotelismo.
Fe y Razón: Agustín y Tomás de Aquino
Durante la Edad Media, se produjeron profundas discusiones sobre la relación entre la razón y la fe.
La postura de San Agustín
Agustín sostiene que se debe "creer para entender", pues no considera que la fe sea un acto carente de sentido. Al mismo tiempo, también defiende el "entender para creer". Por ello, para Agustín, la razón y la fe se necesitan mutuamente para encontrar la verdad. Él afirma que la única verdad es la cristiana y esta se encuentra en Dios. En definitiva, la razón ayuda al ser humano a alcanzar la fe, que es el medio definitivo para llegar a la verdad absoluta.
La distinción de Santo Tomás de Aquino
Por el contrario, Tomás de Aquino estableció límites claros entre la razón y la fe:
- La filosofía (razón) se encarga del estudio de los seres físicos.
- La teología (fe) se dedica al estudio de Dios.
De este modo, la filosofía y la teología estudian objetos distintos y son disciplinas autónomas e independientes. No obstante, si surge un conflicto entre ambas, la razón debe someterse a la fe. En consecuencia, las verdades teológicas sirven de guía para la filosofía, reconociendo que la razón humana es limitada.