San Agustín y Aristóteles: Conceptos Clave sobre el Mal, la Libertad, la Historia y la Política
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El Mal y la Libertad en San Agustín
Para San Agustín, el mal no es una entidad positiva, sino una deficiencia, una privación, un defectus boni. Esta carencia de ser se denomina mal metafísico y es inherente a toda criatura debido a su naturaleza limitada. La limitación en el ser es la causa de los sufrimientos, enfermedades y dolores (mal físico). El mal moral, en cambio, es el pecado, propio de las criaturas racionales. Ocurre cuando anteponemos las cosas creadas a Dios. El mal no reside en la materia ni en la carne, que son bienes en sí mismos, sino en el mal uso del querer, que sacrifica bienes superiores a los inferiores.
San Agustín afirma que la salvación del alma depende de la cooperación entre la voluntad humana y la gracia divina. Como señala Gilson, la gracia es una ayuda que Dios ofrece al libre albedrío; no lo anula, sino que colabora con él, restaurando su capacidad para el bien, perdida por el pecado original. Este poder de usar correctamente el libre albedrío (liberum arbitrium) es precisamente la libertad (libertas). Por lo tanto, la gracia establece al hombre en la libertad, así como la iluminación lo establece en la verdad.
La Teología de la Historia en "La Ciudad de Dios"
Tras el saqueo de Roma por Alarico en el año 410, los paganos culparon al cristianismo de la ruina del Imperio. Entre 413 y 426, San Agustín escribió De Civitate Dei (La Ciudad de Dios), una obra monumental que explica el significado de la historia, desde la creación hasta el Juicio Final. Más que una filosofía, es una teología de la historia, concebida de forma lineal y no cíclica. El Imperio Romano no es definitivo ni último.
El marco de la historia es mucho más amplio: es la lucha entre dos ciudades que existen desde Caín y Abel, y que, por lo tanto, no coinciden con Roma y la Iglesia. Dos amores fundaron estas dos ciudades:
- El amor propio hasta el desprecio de Dios fundó la Ciudad Terrena.
- El amor de Dios hasta el desprecio de uno mismo fundó la Ciudad Celestial.
Ambas ciudades coexisten mezcladas hasta que, al final, se produzca la separación definitiva y el triunfo de la Ciudad de Dios. En Dios, el hombre alcanzará su felicidad, pues, como leemos en las Confesiones: "Nos hiciste para Ti y nuestro corazón andará siempre inquieto hasta que descanse en Ti".
La Política en Aristóteles
Aristóteles afirma que el hombre es por naturaleza un zoon politikon (un animal social o político), y por eso es el único ser que posee logos (palabra). La ciudad surgió como una comunidad autosuficiente de aldeas, gracias a las ventajas de la ayuda mutua y la defensa común, pero ahora existe para permitir una vida plena. La polis es un conjunto de ciudadanos suficiente para vivir en autarquía (de forma autosuficiente). Se excluye de la ciudadanía a las mujeres, a los extranjeros (metecos) y a los esclavos.
Formas de Gobierno
Aristóteles, al igual que Platón, se interesa por encontrar la constitución más adecuada para todas las ciudades. Según el número de quienes ejercen el poder, distingue tres formas constitucionales justas (que buscan el bien común) y tres degeneradas (que solo persiguen los intereses de los gobernantes):
- Justas:
- Monarquía
- Aristocracia
- Politeia
- Degeneradas:
- Tiranía
- Oligarquía
- Democracia
Aristóteles considera que el mejor gobierno es aquel en el que prevalece la clase media.